25.6.08

Los chicos del barrio I

Aquel verano la moda eran las capas rojas y es que Christopher Reeve ponía fín a su andadura como hombre de acero y decidía abandonar al personaje, el boom fue inmediato y todos corríamos a pedir a papá y a mamá la compra del maldito disfraz.
El joven Diego enamorado de aquellas letras azules que daban paso a las aventuras del superhéroe iba contento, emocionado y ansioso apretando la mano de su madre, perdiéndose por las calles de la entonces gris ciudad.
La sorpresa vino cuando el traje excedía del precio calculado.
- No te preocupes la yaya lo hará.
Inepta, pensó el niño Diego, ¿cómo va a poder hacer la abuela un traje de superman?
El berrinche fue mitológico pero finalmente la yaya cumplió su palabra y el niño Diego fue superhombre al menos durante aquel verano de 1987.
La fiebre continúo varios años, las consecuencias varias. En el edificio rojizo, más concretamente en el sexto piso, se tuvieron que poner rejas en las ventanas. El "egipcio" amenazaba a sus padres con saltar por la ventana sin miedo al aterrizaje, por A o por B aseguraba que volaría.
Cuánto daño nos hicieron aquellas películas.

La visión

Parpadeo.
Una y otra vez.
Y al final decido cerrar el círculo vicioso, para que negarlo, me estaba matando.
Soñé que soñaba que aquella sombra no era la mía y desde una óptica llena de pesimismo y adornada con un poco de atención a mi persona decidí que lo mejor era deshacerse de ella. Correr, huir, saltar hasta que se retorciera de dolor.
No fue un error de conciencia, ni un acto de renuncia, solamente fue eso, nada.

Con calma reflexiono y doy con la solución que no es otra que adornar mi nuevo sofá Made in China con la forma de mi trasero.